Por el interior del Sureste

 








Por tierras del interior del Sureste. 

15/07/2026

El viejo Renault 12 rodaba sin prisa por la A-330, aquella cinta de asfalto que parecía cosida a mano entre los campos de secano del altiplano. Era finales de los ochenta, o quizá principios de los noventa, pero el tiempo allí se medía de otra forma. Salimos de Cúllar con el sol todavía bajo, la radio escupiendo La chica de ayer y un paquete de Ducados en la guantera.


Camino de Galera, tenemos Orce a la derecha, restos de los primeros pobladores  de Europa, Venta Micena, fosiles de un millon de años. Hay que cruzar Galera por la antigua carretera, que atraviesa el pueblo, con su casas cueva, y sin prisas.

En escasos minutos estamos en Huescar, al amparo de la Sierra Encantada y capital de la comarca norte granadina. De tierra de frontera en el siglo XI , entré los reinos de Granada y Murcia hasta su ircorporación a la Corona de Castilla en 1488, teniendo gran importancia en su repoblación los reinos de Aragón y Navarra, todavia perviven apellidos navarros en la Comarca, Aguirre, Aránega, Carricondo... , y la devocion a las Santas Alodia y Nunilo. Urbanisticamente destaca el estilo de las casas señoriales, de claro origuen navarro y aragones.

Contiuamos por la A-330, aunque desde Huescar podriamos alcanzar Castril y su parque Natural, Tiscar y Cazorla, sí elegimos ir direccion Jaén.

La carretera serpenteaba entre cerros pelados y de vez en cuando, como un gigante dormido vigilando todo, aparecía el Pico de la Sagra. Majestuoso, solitario, con sus 2383 metros recortados contra un cielo tan azul que dolía. No hacía falta subirlo; bastaba con verlo desde lejos para sentir que el mundo era más grande y más limpio que en la ciudad. Su silueta te acompañaba durante kilómetros, cambiando de color según la luz: gris plata al amanecer, dorado al mediodía, violeta cuando el sol se ponía.

Dejamos atrás Galera y Huéscar. En algún punto entre Puebla de Don Fadrique y los collados, pasamos por una gasolinera abandonada. Los surtidores rojos de Campsa o Repsol ya descoloridos, con los cristales rotos y un cartel torcido que aún prometía “Gasolina Súper”. Alguien había dejado un calendario de 1987 pegado en la pared. Paramos un rato. Olía a polvo, a aceite viejo y a recuerdos. El viento silbaba entre los hierros y por un momento fuimos los únicos habitantes de aquel pequeño cementerio de carretera.

En poco tiempo, alcanzamos La Puebla de D. Fadrique. Fundada por el II Duque de Alba, Fadrique Alvarez de Toledo. Repoblada tambien con gentes de Navarra. Hay que hacer parada y fonda. Podemos alcanzar el pico de la Sagra  y hacer un desvio hasta Santigo de la Espada

Seguimos la A-330 y llegamos a Almaciles, ultima población oriental de Granada, tambien se puede hacer parada y fonda.

Almaciles,  un pueblo que parecía sacado de una postal antigua, nos detuvimos en un bar de pueblo. Mesa de formica, barra de zinc, un señor mayor con boina jugando al dominó y la dueña que te ponía un café con leche y un pincho de tortilla sin preguntar. 

Olía a aceite de freír y a café de puchero. En la tele sonaba un partido de segunda división y fuera, el Renault esperaba paciente bajo un chopo.

No había prisa. La carretera no la pedía. Curvas suaves, rectas interminables donde podías ver venir un camión desde cinco kilómetros, puentes sobre ramblas secas y, de fondo, siempre La Sagra vigilando. 

De vez en cuando un tractor, un perro tumbado al sol, una anciana vestida de negro saludando con la mano.

Llegamos a Caravaca cuando ya anochecía. La Vera Cruz iluminada en lo alto. Aparcamos, estiramos las piernas y nos quedamos un rato en silencio, con el motor todavía caliente haciendo tic-tic al enfriarse.


Aquellos viajes ya casi no se hacen. Pero la carretera sigue allí. La Sagra sigue allí. Y si un día vuelves con un coche viejo, la radio puesta y sin prisas… te aseguro que el altiplano te reconocerá.